Universidad de Almería

El Proyecto Glocharid se fundamenta en los cinco conceptos siguientes:
Ecosistemas y sociedad: Socioecosistemas
Las áreas protegidas del siglo XXI, en el contexto del cambio global, deben cambiar el paradigma que les dio su razón de ser en el siglo XX. La evidencia científica ha demostrado que no es posible conservar las especies manteniendo poblaciones aisladas, que la fragmentación de los ecosistemas es una de las grandes causas de la extinción de especies, y que la superficie actualmente protegida no es suficiente para asegurar el funcionamiento de los ecosistemas. El nuevo paradigma apuesta por el principio de conservación para el desarrollo, en el que se acepta que la especie humana juega un papel clave y fundamental en la dinámica de los ecosistemas y en la que el punto focal y el protagonista emergente es el socioecosistema. Los Espacios Naturales Protegidos dejan de ser el objetivo único de la conservación para convertirse en herramientas esenciales de la planificación territorial. La gestión deja de ser pasiva y se hace activa para la protección de especies vulnerables o la restauración de ecosistemas.
Escenarios del Cambio Global en Andalucía
Se prevé que un porcentaje muy importante de los ecosistemas naturales y seminaturales y de la biodiversidad de Andalucía se verá fuertemente afectada por los efectos del cambio climático y de otros impulsores del cambio global.

logo-color-cma-150pxLa Consejería de Medio Ambiente esta reorientando sus políticas de conservación de la biodiversidad y de la ecodiversidad para enmarcarlas en los escenarios del cambio global y su proyección sobre las ecorregiones más representativas de Andalucía.

Del análisis de los escenarios climáticos en Andalucía, así como de los análisis sectoriales de los impactos, se deduce que una subregión de especial vulnerabilidad frente a los cambios climáticos serán los ecosistemas áridos y semiáridos del levante andaluz. En ellos se espera, y empieza a ser ya evidente, una evolución del clima especialmente desfavorable en las zonas interiores más amenazadas por el avance de las áreas subdesérticas de Almería, Granada, sur de Jaén y este de Málaga.
El capital natural y los servicios ecosistémicos: objetivos de desarrollo del milenio
Los sistemas naturales y seminaturales no sólo suponen el hábitat de especies emblemáticas o paisajes singulares, sino que constituyen un capital natural que genera un rico y variado flujo de servicios a la sociedad tanto de abastecimiento (alimento, agua, madera, recursos genéticos), como de regulación (control de la composición de gases atmosféricos y del clima, regulación del ciclo hidrológico y de las inundaciones, control de la erosión y retención de nutrientes, etc. Los ecosistemas naturales y seminaturales producen beneficios indispensables para la economía, la salud pública y el bienestar general de los seres humanos.
En los últimos años la comunidad internacional ha reconocido implícitamente el papel que juegan los ecosistemas en el sustento de las economías, y en la calidad de vida de las poblaciones humanas y, por ello, "garantizar la sostenibilidad ambiental" se convirtió en el año 2000 en uno de los grandes objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas.
La gestión de paisajes resilientes
Las áreas protegidas siguen siendo necesarias, pero no suficientes por sí solas para conservar la biodiversidad en un mundo cambiante. En ellas se manifiestan los efectos del cambio climático pero el nivel de protección jurídica atempera los efectos del cambio global. Es necesario investigar para comprender la estructura y el funcionamiento de los socioecosistemas delimitando su resiliencia y evitando su destrucción, degradación, fragmentación y sobreexplotación.
Los enfoques actuales de gestión y conservación se basan en los conceptos de integridad y resiliencia ecológica. Los ecosistemas con mayor diversidad funcional tienen una mayor capacidad de resistir a las perturbaciones sin cambiar a un estado no deseado (resiliencia ecológica), y por tanto de mantener un flujo sostenido de servicios. Un territorio resiliente es aquel capaz de proporcionar servicios derivados tanto de los ecosistemas naturales, como de los seminaturales y artificiales, sin que esto comprometa su futuro (Martín López y Montes, en prensa).
Para mantener y mejorar el capital natural del que dependemos, necesitamos mantener y/o favorecer ecosistemas resilientes, que conserven sus funciones mientras soportan perturbaciones externas y acontecimientos no previstos. La incertidumbre de la importancia y alcance futuro de los distintos impulsores del cambio global y del efecto de la interacción entre ellos, exigen abordar la conservación de la naturaleza desde el contexto de la gestión de la resiliencia.
En ese sentido, es necesario considerar las distintas escalas espacio- temporales a las que operan los procesos que mantienen esos flujos de servicios, lo que implica gestionar a distintas escalas. Ello requiere identificar previamente las unidades espaciales en las que se integra la trama ecológica y la delimitación funcional del territorio, las relaciones de dependencia entre ellas y su jerarquía escalar.
En el caso de Andalucía, y en lo que se refiere particularmente a la gestión de los espacios naturales, ya existe una propuesta de Regionalización Ecológica (Borja et al., 2004), en la que se identifican ámbitos territoriales con una trama biofísica común y unos usos del suelo y un contexto socio-económico semejantes (matriz territorial) tomando como base inicial para la delimitación de esas unidades el Mapa de Paisajes de Andalucía (2002). El modelo de regionalización, que incluye además ecorregiones marinas, puede configurarse como una herramienta importante a partir de la cual identificar las distintas escalas espacio-temporales sobre las que desarrollar la gestión de los espacios naturales de Andalucía y fortalecer su capital natural, social, cultural y económico.
La ciencia de la sostenibilidad: indicadores y gestión adaptativa
La naturaleza de Andalucía constituye un capital natural que contribuye al bienestar de sus habitantes por los servicios (beneficios) que genera. Para mantener de manera sostenible el capital natural de Andalucía es necesaria la cooperación entre investigadores y gestores de la naturaleza, admitiendo niveles de incertidumbre creciente en el proceso de toma de decisiones y apostando por la gestión adaptativa, fundamentada científicamente y revisada periódicamente.
En el contexto del cambio global, en el que el problema no es el cambio, sino la aceleración del mismo y la incertidumbre de sus consecuencias, la gestión de la resiliencia adquiere una relevancia especial.
Bajo este marco de análisis, parece razonable que una comunidad autónoma como Andalucía, que mantiene el patrimonio natural más importante de la Unión Europea tanto en número de espacios protegidos como en superficie y alguno de los más emblemáticos del continente como Doñana, Cazorla o Cabo de Gata y que según las predicciones del último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC) va a sufrir de forma severa los efectos del cambio climático, lo que va a afectar de manera directa e indirecta a la conservación de su biodiversidad, desarrolle estrategias preventivas y adaptativas de gestión que permita a los tomadores de decisiones gestionar los escenarios de cambio que se nos presentan en un futuro relativamente cercano (2050 y 2100).
En este contexto se promueve, desde el CAESCG de la UAL, el proyecto Glocharid con el objetivo de diseñar y poner en marcha un SISTEMA DE INDICADORES AMBIENTALES para el seguimiento y evaluación de los efectos del Cambio Global en diferentes sistemas naturales y sectores socioeconómicos de los ecosistemas áridos y semiáridos de Andalucía, a corto, medio y largo plazo, con el objetivo de conocerlos y mitigar sus efectos mediante la aplicación de medidas concebidas en el marco de una nueva gestión adaptativa.

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